Retirada norteamericana en Oriente Medio

 

 

  El intervencionismo de los Estados Unidos en Oriente Medio, al margen de sus alianzas con los países de la zona como Israel o Arabia Saudita, ha sido una dramática realidad en las últimas décadas. En el final del siglo XX las intervenciones huyeron aún de lo que tuviera relación con la imposición de nuevas estructuras políticas en la zona. Como consecuencia de la presencia norteamericana se vivieron diversos episodios, algunos terribles como el atentado del Líbano que costó la vida a más de doscientos cincuenta marines estadounidenses o actuaciones exitosas como el apoyo a los rebeldes afganos que luchaban contra el gobierno prosoviético de Kabul que propició la retirada de las tropas soviéticas. La actuación más importante fue en la Primera Guerra de Iraq motivada por la invasión de este país a su vecino Kuwait que se limitó a buscar la vuelta de los vecinos a las fronteras anteriores a la invasión. Aunque Iraq quedara como un paria dentro del ámbito de la relaciones internacionales no se planteó un cambio de su régimen.

   Sin embargo en el siglo XXI el modo de actuación ha sido distinto. El terrible atentado del World Trade Center trajo el nuevo intervencionismo que en esta ocasión buscó el desalojo de regímenes enemigos y su sustitución por otros más próximos en Afganistan e Iraq. La nueva pauta de intervención ha sido fuente de conflictos y guerras interminables enestas dos últimas décadas: como la Guerra Civil Siria, el auge de Al-qaeda en Iraq o la aparición del Estado Islámico, algunos de los cuales han sido abordados en esteblog. Oriente Medio ha vivido un auténtico desorden, una sangría de hombres y recursos que ha terminado por ser un auténtico cáncer para el gobierno estadounidense.

   Oriente Medio es un área de enorme complejidad, cuna de civilizaciones, con una historia milenaria, con tensiones religiosas, étnicas y conflictos enquistados como el árabe israelí, donde entrar planteando el trazado de un nuevo orden geopolítico diseñado en una oficina a miles de kilómetros de distancia parece una temeridad. Algo que durante años no se ha querido ver o entender. La llegada de Donal Trump a la presidencia de los Estados Unidos ha supuesto un cambio en la manera de enfrentarse al conflicto para este país. Desde los primeros momentos de su mandato la tensión se fue rebajando y hace unos meses se anunciaba la retirada de las tropas de Afganistan y de las unidades de Siria; las de Iraq hace tiempo que salieron.

   Probablemente estemos presenciando un reconocimiento implícito del fracaso del intervencionismo de occidente durante las dos últimas décadas en Oriente Medio. Un cambio de estas características no es visible con facilidad por su propia complejidad, sin embargo ahora podemos entrever la tendencia. Aún aparecen cabos sueltos como la postura ante Iran que continua con la beligerancia de los años anteriores, aunque sea solo en el ámbito diplomático y comercial. En cierto modo la caída del sha en 1979 y el triunfo de la Revolución Islámica determinan el inicio de las políticas intervencionistas y ahora no se sabe como terminar con ellas, pues el papel del guardián mientras estuvo en el poder lo tenía el sha.

   Frente al pantano de Próximo Oriente, hay conflictos como el de Venezuela cuya resolución siempre será más sencilla y que se encuadran en la vieja tradición imperial estadounidense, aquella que nos retrotrae a las actuaciones de Theodor Roosevelt y aquel “gran garrote” con el que se se mantenía a raya a los países ribereños del Mar Caribe. El control sobre su propio hemisferio siempre fue importante para aquellos políticos estadounidenses que veían así mismos como aislacionistas y consideraban las guerras al otro lado del Atlántico como algo lejano y de escaso interés para ellos. Este parece ser ahora el escenario elegido por la administración Trump. Una vuelta la vieja tradición política anterior a la Primera Guerra Mundial. Por ello es en Venezuela donde en estos momentos estamos viendo la mayor presión política estadounidense. Un cambio que nos aproxima de manera irreversible al multilateralismo.

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El estancamiento secular de Japón

 

Las cuatro islas principales que forman el archipiélago japonés son en si mismas una autentica civilización milenaria, hermana de la civilización China. Hay además una identidad entre esta antigua civilización y el también milenario Estado-nación japonés. Como es sabido el país comenzó en el siglo XIX un vertiginoso proceso modernizador que le permitió convertirse en una potencia media en pocos años, pero que terminaría llevándole a un enfrentamiento suicida con los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Una vez finalizado el conflicto bélico, Japón tuvo que abandonar sus sueños imperialistas en extremo oriente y su militarismo concentrándose en el desarrollo de su economía y su sistema productivo con unos resultados espectaculares. Entre 1950 y 1973 su producto nacional bruto creció a una media de 10,5 % anual, muy superior al de cualquier nación industrializada, apenas se vio afectada por la crisis del petróleo de 1973, pues continuó creciendo por encima de otros países industriales.

Las condiciones de este crecimiento con un decisivo impulso de la industria automovilística y la electrónica llevaron a Japón a convertirse en una de las grandes áreas económicas de occidente rivalizando con los Estados Unidos y la Comunidad Europea. Estos años continúan siendo en muchas ocasiones la referencia que aún tenemos de Japón, pese a que su situación actual ha cambiado sensiblemente. El crecimiento ininterrumpido terminó por generar una burbuja de activos en la década de los ochenta que explotó al final de la misma. Otros factoresque contribuyeron a esta burbujafueron los Acuerdos del Plaza en1985 que revalorizaron al Yen frente al dólar estadounidense y a la libra; a esto se sumó el endogámico sistema empresarial japonés, los conglomerados conocidos como zaibatsu, que habían favorecido el crecimiento todo el periodo anterior, pero que en esta etapa impulsaban el incremento ficticio en el precio en los propios activos para mostrar la fortaleza del grupo.

La burbuja de activos de Japón probablemente haya sido una de las mayores de la historia; los precios de la vivienda y el suelo alcanzaron niveles de irracionalidad nunca vistos; el índice principal de la bolsa de Tokio alcanzó un máximo cercano a los 40.000 puntos a finales del año 1989, al que no ha vuelto a acercarse ni remotamente desde entonces. Antes del estallido de la burbuja los inversores japoneses parecían tener todo el dinero del mundo, adquiriendo desde el Rockefeller Centrer, que tuvieron que vender poco después, hasta el famoso cuadro Los Girasoles de Van Gogh en 1987. Los bancos japoneses eran los mayores del mundo aquellos años.

El colapso de la burbuja ha tenido efectos devastadores sobre la economía que pasados treinta años aún son evidentes y han provocado un autentico ciclo secular de estancamiento o al menos de varias décadas. La respuesta de las autoridades en los primeros momentos fue negar la posible existencia de créditos dudosos, pese a que la caída en el precio de los activos convertía en fallidos los créditos con los que fueron adquiridos, con lo cual numerosas empresas pasaron a ser auténticamente zombis dependientes del crédito barato y finalmente en 1997 el sistema financiero entró en una grave crisis de la que tampoco se ha recuperado. Es entonces cuando hubo que bajar los tipos de interés a un nivel cercano a cero en el cual aún están situados. El sistema productivo y las empresas que se caracterizaron por su eficacia hastahace unos añosestán estancados debido al establecimiento de la economía zombi que ha caído en la trampa de la liquidez.

Las consecuencias macroeconómicas del deterioro son visibles y también espectaculares como todo el proceso del que resultan. En estos momentos Japón tiene la deuda pública más elevada del mundo, alcanzando más del 250 % del Producto Interior Bruto (PIB), a la cual habría que sumar la también notable deuda privada. Si no se produce un colapso es por los tipos de interés cercanos a cero y por estar en su mayor parte en manos de lo ahorrativos japoneses. Más llamativo aún es el deterioro del propio PIB. En el año 2000 Japón era la segunda economía del mundo, bien distanciada de las siguientes, su PIB era el 14 % del mundial. En 2017 la situación se ha revertido dramáticamente. El PIB en dólares era casi la misma cantidad que enel año 2000, su economía ha sido rebasada por la de China y sólo representa un 6 % de la mundial.

Está claro que además de lo exagerado de su burbuja, la deficiente gestión de la crisis posterior a la misma han pasado factura a la economía del país que se encuentra, además, ante uno de los problemas de envejecimiento poblacional mas graves del mundo. Aquí todo tiene escala mundial. Un envejecimiento que traerá más consecuencias negativas a la marcha de la economía. Es evidente que el proceso de deterioro y estancamiento por el que atraviesa el país no ha finalizado, los grupos marginales que cada vez son mas abundantes en la sociedad japonesa tenderán a crecer.

El caso de Japón invita a reflexionar, parece como si no se hubiera adaptado realmente a los mecanismos de la economía capitalista occidental, con su imperialismo salvaje, su crecimiento sin límites aparentes que acaba en un estancamiento auténticamente secular. Todo ello parece que puede ser una referencia para su hermano de civilización chino, algo que sólo veremos con el transcurrir de los años.

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La crisis migratoria en Europa

Estos últimos años Europa ha vivido una autentica crisis por la masiva llegada de refugiados y grandes contingentes de migrantes en general. El número de refugiados estimado llegado a la Unión Europea es de unos cinco millones entre 2011 y 2017, siendo el año 2015 el más complicado de toda la crisis con un millón trescientos mil refugiados, un autentico desbordamiento ilustrado por innumerables y dramáticas imágenes como las de los refugiados ocupando la estación de Keleti en Budapest que vimos entonces.

Los migrantes a los que se acoge con categoría de refugiados proceden mayoritariamente de países en conflicto en Oriente Medio, principalmente de Siria, así como de otros países asiáticos como Afganistan o Iraq, son migrantes por razones políticas; por otro lado una parte menos numerosa, pero también importante, procede del África subsahariana es de raza negra y mezcla a los inmigrantes económicos con los políticos, algunos de sus lugares de procedencia son Senegal, Mali, Burkina Faso o Nigeria.

En estos momentos la inmigración de la población procedente de Siria y Asia en general está remitiendo, tanto por las medidas de la Unión Europea para que Turquía los retenga como por el mismo final de la guerra. Respecto a la llegada de subsaharianos, aunque los dramáticos rescates marinos que protagonizan son una de las imágenes de estas migraciones, es numéricamente menor dentro de todo el proceso.

Europa tiene en sus fronteras ya importantes contingentes de población inmigrante. En estos momentos, aunque difiere por países, el porcentaje de población inmigrante dentro de la Unión, en los países occidentales de continente supera el 10 por ciento en la mayor parte de los casos ( Gran Bretaña, Alemania o España por ejemplo). En muchos casos es procedente de antiguas colonias, como la que hay en Francia, Gran Bretaña o España, o llega de países que se han integrado recientemente en la Unión como Rumanía, Bulgaria o Polonia. Aunque son porcentajes de relevancia dentro de la población de acogida, llegaron con referencias culturales europeas, de manera progresiva, además posteriormente algunos de ellos pasaron a ser comunitarios, pero sobre todo llegaron muchos de ellos en una época de crecimiento económico y como se dice “a ocupar los trabajos que los del país no querían”. No obstante, y a pesar de todo ello, ha habido numerosos roces, tensiones e incluso disturbios en barrios de las periferias de las ciudades europeas.

Sin embargo esta crisis ha sido diferente. La llegada ha sido masiva por las características del conflicto en Siria que ha convertido el éxodo en un fenómeno especialmente masivo e improvisado. Pero lo que ha traído tensión al proceso ha sido el rechazo por parte de amplios sectores de la población europea. Los años de la crisis y los recortes han dejado un trasfondo de preocupación y pesimismo, de miedo al futuro. Los trabajadores ven ahora a los migrantes como aquellos que vienen a disputarles el uso de los servicios públicos. Aunque la llegada de inmigrantes es un factor novedoso con respecto a otras épocas, se puede asociar al rechazo a los grupodiferentes, como los judíos,y puede traerlas mismas consecuencias, como ha sucedido históricamente. Estos fenómenos están alentados por el auge de los partidos populistas y líderes del pueblo, que dado el grado de evolución de nuestras sociedades es la puerta de los partidos fascistas y de ultraderecha.

Es evidente que los fenómenos que estamos viendo solo alcanzarán una solución de la mano de la vuelta a la prosperidad. Mientras no logremos revertir la pobreza ni el estancamiento económico no estaremos en condiciones de acallar las voces de los que llaman al odio. La crisis de las migraciones y el auge de los populismos son el fenómeno político social más importante en Europa en esta década. Angela Merkel, la líder europea de estos tiempos, ha tratado de hacer frente al problema adoptando las propuestas más pragmáticas dentro de los dirigentes europeos sin embargo está desbordada por el auge electoral de los populismos y probablemente termine por ser una víctima más de la catarsis que estamos viviendo. La crisis de las migraciones está configurando una nueva Europa.

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La Guerra Civil siria y sus consecuencias

En estos días del verano de 2018 estamos presenciando el final de la Guerra Civil de Siria que se ha prolongado con gran crudeza durante los últimos siete años, y a la que en algún momento hemos dedicado atención en este blog. El gobierno de Bashar Al Assad está próximo a alzarse con la victoria tras la conquista de la ciudad de Daraa en el sur del país, uno de los lugares donde estalló la rebelión contra el gobierno.

La Guerra Civil había sido una de las secuelas de la primavera árabe que ya había sacudido a Túnez, Libia, y Egipto provocando cambios de importancia en las estructuras políticas de estos países. En elcaso de Siria el conflicto se convirtió en una lucha con un trasfondo religioso delos sunnitas, el grupo mayoritario en el país pero marginado del gobierno, contra los chiitas que controlan en gobierno y el ejercito apoyándose en otras minorías como los cristianos. Los rebeldes recibieron apoyo de Arabia Saudita y de Estados Unidos alcanzado el conflicto una gran trascendencia para la geopolítica de la región. Se buscaba convertir a Siria en un aliado del bloque occidental frente a las tradicionales alianzas sirias que eran Rusia e Irán.

Una de las características de los rebeldes, y causa indudable de su derrota, ha sido la división en varias facciones que no estaban coordinadas entre si; entre ellas estaba la propia Al Qaeda. Por otro lado los apoyos otorgados por los sauditas y el desorden general de la región terminaron por dar lugar a la proclamación del Estado Islámico y el Califato en territorios de Siria e Iraq que tuvo lugar en 2014, convirtiendo la Guerra Civil en una guerra de todos contra todos. Fueron precisamente las actuaciones del Estado Islámico en la zona de guerra, acompañadas por una riada de atentados en países occidentales, las que precipitaron la intervención multinacional tanto de países occidentales entre los que destacó Francia, atacada por los terroristas, como de Rusia o Irán. Enfrentado al mundo el Estado Islámico ha tenido un declive imparable durante estos últimos tres años; en la actualidad apenas controla pequeños enclaves en Siria. Rusia por su parte a la par que se empleaba militarmente contra el autoproclamado califato, ha ido en los combates más allá y también ha actuado contra los rebeldes sirios aprovechando la guerra de todos contra todos. Esta actuación ha sido decisiva para la consolidación del gobierno de Al Assad.

Otro factor determinante en la evolución de la Guerra Civil es el diferente papel que los Estados Unidos han jugado en la misma a lo largo del dilatado conflicto. La potencia americana que había dado alas a los rebeldes sirios durante el mandato del presidente Obama ha cambiado su política en la zona, la actual administración del presidente Trump ha abandonado la política intervencionista de sus predecesores en Oriente Medio y ha dejado el campo abierto a los rusos en el conflicto para apoyar a su histórico aliado.

La finalización del la guerra en Siria deja un nuevo panorama geopolítico en la zona. Por un lado se consolida el llamado Eje Chiita, formado por Irán, Irak y Siria, al que se aproxima Qatar y al que está ligado Hezbolá en el Líbano. Este eje ha salido victorioso en la guerra y mantiene su tensión con las monarquías sunnitas del Golfo Pérsico lideradas por Arabia Saudita. Por otro lado se aprecia un reposicionamiento de Turquía dentro del contexto internacional. Turquía sigue siendo miembro de la OTAN y aliado de los Estados Unidos, pero si bien es claramente contrario arégimen sirio y es un país musulmán mayoritariamente sunnita, se está acercando a Rusia e Irán. Las negociaciones de Astaná para establecer una paz en Siria de las que han estado ausentes los Estados Unidos y la Unión Europea y en las que la iniciativa y el protagonismo han sido de Rusia, Irán y Turquía están facilitando una mejora de las relaciones entre los tres países vecinos, algo sorprendente considerando las históricas rivalidades que han tenido entre ellos. Finalmente, del mismo modo que la invasión de Iraq facilitó la aparición de una entidad política kurda en el norte del país, la Guerra Civil siria ha permitido la formación de otra república autónoma kurda en territorio sirio. El problema kurdo, que es otro de los temas pendientes históricamente en la zona, puede tener un nuevo recorrido con la aparición de estos nuevos estados cuasi independientes.

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Gran Bretaña del “espléndido aislamiento” al brexit

 

El 16 de Junio de 2016 se celebró en Gran Bretaña el referéndum por el que una mayoría de los habitantes de ese país aprobaron su salida de la Unión Europea. Entre las razones que explican este resultado se han apuntado varias circunstancias. Por un lado, el deseo de alejarse de una Unión de grandes dimensiones muy diferente de aquella en la que entraron en 1973, donde el peso y la influencia política de Alemania cada vez es mayor y que últimamente parece concentrar su expansión e interesesen la península balcánica. Por otro, la libertad de movimientos de la población en la Unión está provocando la llegada de un número mayor de extranjeros a las Islas Británicas creando tensiones con los residentes. Las zonas que votaron a favor de mantenerse en la Unión Europea, la opción perdedora, fueron la ciudad de Londres, Escocia e Irlanda del Norte, en el resto ganaron los partidarios de salirse de la Unión Europea.

De un plumazo los británicos dejaron atrás ese día su historia centenaria y decidieron retornar a aquel “espléndido aislamiento” que caracterizó su política exterior en los años finales del siglo XIX, una políticaque ahora parecen querer recuperar

El Imperio británico se creó y desarrolló en una larga etapa de casi dos siglos de duración que comienza con la Revolución Gloriosa de 1688, el momento en el que Inglaterra consolida su sistema político, que en gran medida es el mismo que tiene en estos momentos. Durante ese largo periodo Gran Bretaña participó activamente en la mayor parte de los conflictos europeos, incluso con un papel protagonista como en el caso de las Guerras Napoleónicas o la Guerra de Crimea contra Rusia.

El “espléndido aislamiento” es una consecuencia de la decadencia de Gran Bretaña como potencia industrial, claramente rebasada por Estados Unidos y Alemania. El deseo de promover la“pax británica” entonces era el resultado de hacer de la necesidad virtud a fin de poder consolidar sus posesiones.

Sin embargo tras la decisiva participación de Gran Bretaña en las dos Guerras Mundiales y en el mundo de la Guerra Fría, incluida su entrada en las instituciones europeas, el aislamiento parecía ser un breve paréntesis en su historia. La pérdida del Imperio en la segunda mitad del siglo XX no significó un auge de las ideas aislacionistas, en todo caso entre sus élites nunca se dejó de lado del todo este enfoque de la política exterior. En la década de 1930 una parte importante del partido conservador británico pretendió desentenderse de la política europea y estaba dispuesta a dejar que la Alemania de Hitler se fuera apoderando de un país europeo tras otro, parecían aceptar que los alemanes tuvieran manos libres en elcontinente para conservar su imperio. En este caso la personalidad de Winston Churchill evitó que este planteamiento llegara a convertirse en una paz por separado de irreparables consecuencias para la Europa de entonces.

La ideología aislacionista se ha mantenido principalmente en el seno del partido Conservador o Tory, y se conoce como el grupo euroescéptico. Margaret Thatcher la histórica primera ministra de la década de los ochenta jugó un papel decisivo para tener controlados a los euroescépticos de su partido, logrando renegociar la relación de Gran Bretaña con las instituciones europeas, y obteniendo acuerdos exitosos como el del famoso “cheque británico” por el que recuperaban parte de sus contribuciones a la Comunidades Europeas.

Sin embargo en estos últimos años se ha producido un gran cambio que ha alterado el panorama. El euroescepticismo que tradicionalmente estaba presente en las élites del país integrantes del partido conservador y que representa toda una línea de pensamiento de ondas raíces históricas, se ha extendido entre una mayoría de votantes, por lo tanto lo ha hecho entre las clases sociales más bajas. El auge del populismo, uno de los hitos del pensamiento de los últimos diez años, ha sido el factor que lo ha posibilitado.El empobrecimiento y la falta de expectativas han facilitado la transformación de la ideología aislacionista, que no está exenta de veleidades imperiales siempre de la mano de Estados Unidos. El trasfondo sigue siendo el mismo que el del “espléndido aislamiento”, en aquel momento la clase alta, perteneciente al partido conservador, temía la perdida del Imperio y que ello afectara a sus intereses económicosAhora son las clases populares las que reaccionan al deterioro económico.

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Conflicto en el Cáucaso

La región de Transcaucasia está bien definida desde el punto de vista geográfico. Está situada al sur de la Cordillera del Cáucaso y flanqueada por los mares Negro y Caspio; se encuentra en los límites de Asia con Europa y es una auténtica encrucijada de civilizaciones. En ella encontramos tres pequeños países: Georgia, Armenia y Azerbaiyán, de reciente independencia y fronteras aún no consolidadas.

La región ha estado sometida a invasiones y dominada por imperios a lo largo de los siglos que fueron dejando su influencia. Georgia y Armenia se encuentran entre las primeras zonas del mundo en cristianizarse. Pertenecen al mundo cristiano ortodoxo aunque desde el punto de vista religioso son independientes de la Iglesia Griega. Han mantenido su religión frente la invasión del Califato de Bagdad, a los mongoles y al Imperio Otomano. Azerbaiyán es diferente en sus orígenes a los otros dos, los azeríes son un pueblo túrquico, asentado a partir del siglo XI y musulmanes, por lo tanto aun cuando tienen un alto grado de secularización, pertenecen claramente a la sociedad musulmana.

En los años finales del siglo XVIII comenzó una permanente injerencia rusa en el Cáucaso que culmina con anexión por parte del imperio de los zares de toda la región de Transcaucasia, incorporando un estado georgiano independiente y territorios del Impero Persa principalmente entre 1800 y 1813. Los años siguientes culminará sus conquistas a costa también del Imperio Turco hasta configurar la región del Cáucaso Ruso. Como consecuencia de la Revolución Rusa en 1918 los tres estados se independizaron, incluso de forma colaborativa. Sin embargo sus aspiraciones no fueron tenidas en cuenta por la Conferencia de Paz de París de 1919 demasiado preocupada por las nuevas fronteras de Europa Central y entre los dos y tres años siguientes fueron incorporados al nuevo Estado Bolchevique como Repúblicas Soviéticas.

El siguiente gran reto de los tres países de la región se produce con la desintegración de la Unión Soviética, que les llevará a proclamar su independencia entre los últimos días de 1990 y agosto de 1991. En 1988 ya habían comenzado las tensiones entorno al enclave de Nagorno Karabag, habitado por armenios pero situado dentro de Acerbaiyán. La guerra iniciada por los habitantes del enclave terminó convirtiéndose en una guerra entre Armenia y Acerbaiyán cuando ambos países ya eran independientes. La victoria Armenia ha supuesto la creación de la República de Nagorno Karabag un estado sin apenas reconocimiento internacional, mientras que Armenia ha asumido el control militar del territorio que rodea al enclave para que este deje de serlo. Aunque se trate de un conflicto olvidado en 2016 tuvo un recrudecimiento, una guerra que duró cuatro días y ocasionó 200 muertos dejando las cosas como estaban. Por su parte Georgia también se ha enfrentado a graves problemas fronterizos que han disminuido su territorio. Las regiones de Abjasia y Ossetia del Sur iniciaron un proceso de independencia de Georgia cuando este país puso en marcha la suya. En Abjasia la población era mayoritariamente georgiana mientras que en Ossetia los georgianos eran una minoría significativa; sin embargo debido a los procesos de limpieza étnica prácticamente han desaparecido de los dos territorios. Los enfrentamientos bélicos de las últimas décadas tuvieron como punto de inflexión la breve Guerra de Ossetia del Sur de 2008, en la que el conflicto se extendió por los dos territorios que contaron con ayuda Rusa frente a los intentos de Georgia de incorporarlos a su territorio. Con el alto el fuego llegó el reconocimiento Ruso de la independencia de los dos pequeños territorios, algún otro estado del mundo también ha reconocido esta independencia unilateral.

La aparición de estos estados sin apenas reconocimiento internacional convierte las fronteras internacionales en una ficción. Por otro lado, al aparecer estos territorios no reconocidos se crean áreas dentro de los países con problemas de marginalidad y exclusión con un acceso más complejo desde otras partes del mundo, son áreas más deprimidas que los territorios de su alrededor, que sus antiguos vecinos y ahora enemigos. Este problema es también una posible fuente de futuros conflictos. El Cáucaso es una de las zonas del mundo con una mayor concentración de estados independizados sin reconocer. Los conflictos son inherentes a su situación estratégica, o quizá precisamente por ello han aparecido tantos territorios autoindependizados.

El conflicto de Nagorno Karabag es más regional, sin embargo los problemas de Georgia están ligados a la ristra de conflictos existentes en algunas de las antiguas repúblicas integrantes de la Unión Soviética, ahora estados independientes, como los que hay en Ucrania, donde se ha librado una guerra recientemente, o Moldavia, un caso escasamente conocido en su frontera con Ucrania, ocasionado por territorios que reclaman su independencia. La tendencia de las repúblicas como Ucrania o Georgia de acercarse a occidente motiva la actuación rusa que alienta la independencia de estos pequeños territorios fronterizos y no excluye la intervención militar más o menos encubierta en los mismos. Son episodios de una autentica guerra por las áreas de influencia del antiguo Imperio Soviético que se libra como una partida de ajedrez entre la Rusia de Putin y occidente.

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Cataluña y España

   

   España se encuentra inmersa en una grave crisis política desde hace varios años. En estos momentos los acontecimientos que se están viviendo en Cataluña convierten a esta comunidad autónoma en el epicentro de una nueva fase más crítica dentro de un proceso de debilitamiento general del sistema político español. El punto de partida de esta situación se encuentra en la crisis de la deuda que comenzó en 2010 y alcanzó su momento crítico en 2012 cuando España estuvo a punto de ser intervenida y se vio obligada solicitar ayudas a la Unión Europea para posibilitar el rescate de la banca, mayoritariamente de las antiguas cajas de ahorros. Un año antes de esta intervención en las principales plazas de las ciudades españolas tuvo su desarrollo el movimiento del “15 M”, que criticaba abiertamente el sistema político y achacaba gran parte de las culpas a los partidos tradicionales; lo que se convirtió en una consecuencia social de la crisis.

   Las tensiones terminaron por afectar al sistema político, en concreto a los propios partidos políticos. En el congreso entraron con fuerza dos nuevas formaciones, Ciudadanos y Podemos, que debilitaban el papel de las tradicionales, Populares y Socialistas, convirtiendo la formación de gobiernos y el establecimiento de mayorías en el parlamento en un proceso largo y complejo.

   Mientras el sistema de partidos entraba en crisis el conflicto en Cataluña ha empezado a alcanzar una mayor dimensión hasta llevar al Estado también a una de las mayores crisis, sino la mayor, desde la aprobación de la constitución en 1978. Entre los años 2011 y 2012 comenzó a gestarse el movimiento independentista que estamos viviendo; un nacimiento paralelo a la aparición del movimiento del 15 M, una de cuyas manifestaciones fue la constitución de la Asamblea Nacional Catalana en 2012. Precisamente este último año tiene lugar la primera de la Diadas multitudinarias, se estimó en más de 600.000 asistentes, que han venido celebrándose desde entonces.

   El independentismo se convirtió desde ese momento en la bandera de los gobiernos de la Generalitat que Artur Mas presidía desde 2010, iniciándose un autentico pulso con el gobierno español. El partido de Artur Mas, Convergencia Democrática de Cataluña, evolucionó de un nacionalismo moderado a la abierta reivindicación de la independencia, en ello tuvieron el apoyo de Esquerra Republicana de Cataluña que ya se había identificado con en independentismo unos años antes. La reivindicación independentista pasó a ser el principal argumento político en Cataluña planteado a través de la exigencia al Estado de un referéndum que permitiera acceder a la ansiada independencia. El referéndum por la independencia de Escocia, autorizado por Gran Bretaña, y celebrado en 2014 parecía mostrar el camino a los independentistas catalanes. Ante la negativa del Estado Español en noviembre de 2014 se realizó una movilización con apariencia de referéndum de autodeterminación. El fracaso de esta actuación condujo a unas nuevas elecciones autonómicas en 2015, planteadas como plebiscitarias, en las que los partidarios de la independencia obtuvieron una mayoría de escaños en el parlamento autonómico catalán, aunque un porcentaje de votos inferior a la mitad. Se formó un nuevo gobierno de la Generalitat presidido por Carles Puigdemont con consejeros de Junts pel Sí, una coalición entre los antiguos convergentes y los republicanos, ahora decididos a alcanzar la independencia. La lucha de los catalanes por el ansiado referéndum con el gobierno de la nación que lo rechaza ha llevado a un nuevo proceso participativo el 1 de Octubre de este año de 2017, sin validez como referéndum, e idéntico al de 2014, que aboca a los independentistas en coherencia con su discurso de los últimos años a una declaración unilateral o a reiniciar un nuevo ciclo electoral.

   Las llamadas al dialogo son un brindis al sol, puesto que la postura de la Generalitat no tiene encaje en el marco legal español. No es posible un acuerdo que satisfaga a ambas partes. La aparentemente inocua petición de un referéndum implica convertir a Cataluña en un cuerpo electoral soberano y por lo tanto significa otorgar la independencia en realidad. Una vez permitido el referéndum, aunque saliera el no, este siempre se puede repetir en el futuro hasta obtener la deseada respuesta afirmativa puesto que ya existe un precedente y está reconocido el cuerpo electoral. Todo parece indicar que en los días anteriores al 1 de Octubre la Generalitat ha empezado a perder el control del proceso independentista, algo que trató de dirigir Artur Mas en su provecho; retornando la iniciativa a las masas y asociaciones sociales de donde salió en el ya lejano 2012, haciendo más imprevisibles los acontecimientos futuros.

   Mientras, en Cataluña existen millones de personas que quieren permanecer en España, se sienten preocupadas y consideran que sus derechos pueden no estar defendidos en un Estado Catalan Independiente. La crisis mayor que atraviesa nuestro país en las últimas décadas y que nos retrotrae a los dramáticos años de la Guerra Civil está es su momento álgido a la hora de escribir estas palabras. No se puede presentar aislada de los acontecimientos de los últimos años y puede que aún tenga más episodios en los próximos.

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