El auge del populismo

   Uno de los fenómenos políticos más destacados de la segunda mitad de la década de los diez de este siglo XXI es el fuerte auge que han cobrado en los países del mundo transatlántico los partidos y personajes políticos catalogados como populistas hasta el punto de hacer realidad sus posibilidades de acceso a poder.

   El populismo es una manifestación política difícil de definir y que no encuentra un acomodo fácil en el panorama político de los distintos países en los que surge. Sin embargo, de manera genérica calificamos como populista a aquel político que gracias a su capacidad de liderazgo apela directamente al pueblo, arrogándose una capacidad de intermediación con las clases populares, algo que en un principio puede ser común a muchos políticos, pero que en los populistas aparece como una marca de distinción. El otro elemento presente y de gran importancia es el mensaje antielitista, ya sea esta élite una casta política o miembros del sistema económico financiero.

   Por otro lado, aunque el populismo tiene por costumbre utilizar unas siglas propias puede encontrar acomodo dentro de los partidos tradicionales, conservadores o socialdemócratas como estrategia política. Por lo que respecta a su relación con el fascismo tiene puntos en común con esta ideología como es la importancia del liderazgo y su contacto con las masas, pero no es exactamente lo mismo pues no es totalitario y no rechaza totalmente el sistema parlamentario.

   Hay varios notables ejemplos de populismo a lo largo de la historia. Uno de ellos fue el político norteamericano William Jennings Bryan que se presento a la presidencia de Estados Unidos por el partido demócrata varias ocasiones a finales del siglo XIX y principios del XX, con una propuesta contraria al patrón oro y al incipiente imperialismo de su país. El argentino Juan Domingo Perón es otro de los más conocidos políticos populistas, en concreto por sus años de gobierno entre 1946 y 1955 con el movimiento político justicialista

   La clave de la aparición del populismo se encuentra en la ruptura del consenso social. Precisamente ocurre en sociedades modernas, mayoritariamente se da en países occidentales y es la respuesta a un shock que rompe los equilibrios existentes y altera de manera radical el reparto de la renta en un país, por eso son habituales de las crisis económicas de gran envergadura. Es evidente que en estos momentos los países de Europa occidental y Estados Unidos están atravesando por un periodo que posibilita el auge del populismo.

   Hay una tendencia a establecer un paralelismo entre el momento presente y los acontecimientos vividos en el período de entreguerras, cuando conocimos un auge del fascismo en Europa. La situación no es exactamente igual. En estos momentos estamos viendo un auge de la ultraderecha en Europa, en países como Hungría, Finlandia, Alemania u Holanda; básicamente en países germánicos y sus tradicionales aliados magiares. Este movimiento, que carece de la fuerza del que conocimos en los años veinte y treinta del pasado siglo, puede incorporar planteamientos populistas. Por otro lado en los países del sur, de tradición latina, lo que se está produciendo, en mayor o menor medida, es una descomposición de los partidos tradicionales de centro derecha y socialdemócratas identificados con la corrupción política y con las dificultades económicas por las que atraviesa el modelo económico neoliberal. Estos partidos están siendo sustituidos por otros de nueva creación en Francia, España, Italia o Grecia, tanto de derecha ,entre los que también está presente la ultraderecha, o como de izquierda, todos ellos de manera puntual pueden adoptar también un lenguaje populista.

   Por lo tanto más que populismo como tal, más que políticos adscritos al populismo en Europa y Estados Unidos en el momento actual, encontramos políticos que utilizan estrategias o dialécticas populistas con la finalidad de ampliar su espacio político por la presencia cada vez de más actores; los partidos tradicionales que aún no han desaparecido junto a los nuevos. Uno de los ejemplos de estas actitudes se encuentra en la postura de algunos conservadores británicos ante el Brexit, una consecuencia evidente del auge del populismo, con el que han pasado a identificarse plenamente. Igualmente, Marie Le Pen ha reconvertido su discurso del ultraderechismo de su padre a un populismo.

   La otra gran diferencia del momento actual con el vivido hace 80 años en Europa estriba precisamente en el comportamiento de las élites. Si entonces se vieron desbordadas y aceptaron el fascismo como un mal menor, o eso pensaban, ante el peligro del comunismo, en la actualidad están más comprometidas con el sistema socioeconómico pese a las evidentes dificultades por las que este atraviesa. Aunque vivimos un evidente auge del populismo aún es pronto para considerar que sus planteamientos muchas veces demagógicos hayan calado en la sociedad como para posibilitar su presencia en los gobiernos occidentales.

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Crisis política en España

 

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   Hace unos meses escribí una entrada sobre la situación política en España y las consecuencias del nuevo panorama creado por la aparición de dos fuerzas nuevas Ciudadanos y Podemos que han roto el tradicional bipartidismo ejercido por el Partido Popular y el Partido Socialista. La situación de deterioro que se vislumbraba entonces ha llegado a lo que se puede llamar sin paliativos como crisis política que de no encontrar solución puede desembocar en consecuencias más graves para España.

   Después de las elecciones del 20 de Diciembre de 2015 transcurrió una legislatura muy breve. El Partido Popular, el más votado, ni siquiera se atrevió a presentar la candidatura de su líder y presidente en funciones del país Mariano Rajoy a una sesión de investidura. Pedro Sanchez, principal dirigente del Partido Socialista ,hizo un intento presentando la suya a una investidura fallida en la que contó con el apoyo de Ciudadanos. El resultado fue la disolución de las cámaras y la celebración de unas nuevas elecciones el 26 de Junio, es decir solo seis meses después. Nuevamente el ganador fue el Partido Popular que aumentó ligeramente su ventaja, los demás partidos variaron también algo sus resultados.Sin embargo los cambios fueron insuficientes.

   Esencialmente el esquema continuaba siendo el mismo. Los cuatro partidos con una representación mayor solo podían alcanzar la mayoría en el parlamento mediante agrupaciones amplias, o mediante la coalición de los dos principales: el Partido Popular y el Socialista. En el parlamento hay un quinto bloque formado por los diputados del los partidos nacionalistas catalanes y vascos, tradicional muleta en el período político anterior. Un acuerdo con ellos permitiría investir un presidente sin necesidad de una coalición más amplia; sin embargo la deriva soberanista de los catalanes, el grupo más numeroso, complica el acuerdo principalmente por su exigencia de un referéndum sobre la independencia de la Comunidad Autónoma.

   Mariano Rajoy, en medio de un ambiente cada vez más agobiante de estancamiento y bloqueo, trató de obtener la investidura los primeros días de septiembre fracasando él también al igual que el líder socialista unos meses atrás. Mientras tanto, el gobierno lleva casi 300 días en funciones en lo que representa una grave crisis institucional. Los partidos mantienen posturas enfrentadas que están dificultando enormemente los acuerdos imprescindibles en el nuevo panorama político.

   El bloqueo es el resultado de la aparición de los nuevos grupos políticos con planteamientos diferentes. Los partidos tradicionales no se han adaptado a la nueva situación olvidando que estos grupos precisamente han aparecido por el hartazgo de la ciudadanía con ellos y la búsqueda de nuevas formas de expresión. Los votantes culpan a sus gobernantes del empobrecimiento traído por la crisis económica y evidencian un rechazo a la corrupción que parece generalizada. Por otro lado en las comunidades autónomas con presencia nacionalista la tensión política ha llevado a maximizar sus peticiones.

   Sin embargo con ser grave esta situación lo más peligroso es que representa la manifestación en España de una crisis más amplia que afecta a bastantes países de occidente. En estos momentos en Gran Bretaña se ha producido la victoria de los partidarios de la salida del país de la Unión Europea, mientras los partidos de ultraderecha están obteniendo cada vez mejores resultados en toda Europa: Francia, Alemania, Escandinavia o Centroeuropa. En España no han tenido auge los partidos ultraderechistas, aunque como vemos han aparecido nuevos partidos, pero el fenómeno es el mismo: el rechazo de los ciudadanos a las élites gobernantes. Posiblemente la alteración con mayores consecuencias sea, de producirse, la victoria de Donald Trump en las elecciones estadounidenses. El empresario, un hombre ajeno al sistema político hasta el momento, se ha convertido en el candidato del partido Republicano y cuenta con posibilidades de convertirse en presidente de los Estados Unidos. Hasta la crisis financiera de 2008 había estabilidad política en los países occidentales. El deterioro político es la consecuencia del fin de la prosperidad para amplias capas de la población y de la pérdida de expectativas de mejora social.

  La crisis política española actual al responder a factores más generales, estructurales, que se escapan al control de nuestro país es de difícil resolución. No obstante nuestros políticos están mostrando una especial incapacidad para desbloquear la situación política por medio de una negociación que además tendría que dar respuesta al desafío soberanista de Cataluña. Se muestran endogámicos y ajenos a la realidad, tomando decisiones más ligadas a mantener el control sobre sus propias formaciones políticas que a buscar el interés general. Desbordados por la complejidad de los acontecimientos, parecen actores con un guión mal aprendido. Con su actitud pudieran estar conduciendo al país a unas terceras elecciones generales en las navidades de 2016 que incrementarían el desapego de la población hacia la vida política.

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“Y llegó la barbarie”, las guerras de Yugoslavia

Y llegó la barbarie

Recientemente, en marzo de este mismo año, se ha publicado el libro Y llegó la barbarie del profesor Jose Angel Ruiz Jiménez que es una interesante retrospectiva sobre las guerras de Yugoslavia ocurridas entre 1991 y 2001. Es de agradecer que por parte de un autor español se incorpore un asunto de la esfera internacional a la moderna producción historiográfica de nuestro país, siguiendo la estela del ampliamente citado en la obra Francisco Veiga.

El libro presenta una equilibrada estructura en la que destaca el primer capítulo dedicado a los orígenes del conflicto en la historia de Yugoslavia; a la forma en la que se produjo el nacimiento del nuevo estado una vez finalizada la Primera Guerra Mundial y cómo algunos odios se fueron gestado en los escasos años de historia del país.

Al hablar del que en un principio se llamó Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos el autor no ha valorado suficientemente, y esta quizá sea una de las carencias del libro, las diferentes expectativas de estos tres pueblos de cara a la unificación, que fue algo deseado por estas naciones, pero en la que Serbia tenía una clara pretensión de imponerse sobre las demás y en la que por parte de todos se olvidaron siglos de diferentes influencias culturales. Algo que por ejemplo explica el surgimiento del Estado fascista Croata amparado por Alemania durante la Segunda Guerra Mundial que llevó a cabo una agresiva política genocida precisamente contra los serbios.

Se realiza en la obra una valoración positiva de la política de Tito para consolidar la unidad de Yugoslavia mediante el surgimiento de la federación de repúblicas. Entonces aparecieron ya los esfuerzos de croatas y serbios para que Bosnia y Herzegovina no se convirtiera en una de estas repúblicas y fuera dividida entre ellas. Otro aspecto en el que se incide muy oportunamente es el proceso, que tuvo un gran impulso en los ochenta, por el que la intelectualidad yugoslava se vio arrastrada por el camino del nacionalismo y el revisionismo de la breve historia del país por motivos que se apuntan como espurios en la mayor parte de la ocasiones. No se ahorran críticas a los líderes de las federaciones, antiguos líderes comunistas reconvertidos al nacionalismo.

A lo largo de los capítulos siguientes, que forman el núcleo central del libro, se van desgranando las sucesivas guerras de Yugoslavia, desde la breve de Eslovenia, la de Croacia, la de Bosnia, la mas sangrienta y larga, para acabar con la de Kosovo que consagró la definitiva derrota de Serbia. Y es que los serbios son el hilo conductor de todo el proceso militar como no podía ser de otra manera.

Hay una detallada y amplia referencia a los numerosos crímenes de guerra y procesos de limpieza étnica cometidos por los diferentes bandos. Como suele ocurrir en los conflictos complejos no se trata de ver solo quiénes cometieron tal acción sino quién hizo dejación de sus obligaciones o miró para otro lado, como en el terrible caso de Srebrenica en el que se apuntan comportamientos culpables por parte del gobierno bosnio o soldados de las Naciones Unidas que en todo caso no justifican los crímenes de los serbobosnios.

En el libro se analiza muy bien el desgarro que sufren los serbios por lo que se denomina el “doble rasero” para analizar la situación de los grupos étnicos. Al iniciarse el conflicto los serbios se encuentran repartidos por cuatro de las repúblicas, precisamente su presencia en zonas de Croacia y Bosnia es lo que provoca las guerras, pero claramente la comunidad internacional no aceptaba romper los límites de las federaciones a la hora de reconocer las independencias pues significaba romper las fronteras europeas aceptadas por la conferencia de Helsinki de 1975. La solución ha sido su expulsión de Croacia y convertir a Bosnia en un estado enormemente complejo desde el punto de vista administrativo con dos miniestados en su interior, uno serbio y otro de bosnios y croatas. El desastre para los serbios ha venido cuando se ha producido la secesión de los albaneses de Kosovo que formaban parte de la federación Serbia de la que eran sólo una provincia. Kosovo, aunque no esté totalmente reconocido por todos los países del mundo, entre ellos España, es independiente de hecho y además tiene una minoría Serbia en su interior.

El problema de los pueblos y las fronteras internacionales se presenta en estos momentos como una “caja de Pandora” que nos lleva de Chipre al Cáucaso. Es fuente de interminables guerras y conflictos en estos momentos siendo una gran asignatura pendiente de las relaciones internacionales y punto de partida para la aparición de ese doble rasero que tantos resentimientos crea.

El Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia sigue siendo un motivo de fricción: los serbios consideran que la proporción de encausados de esa nacionalidad es muy alta en relación con otras como la croata, por no hablar del caso de Milosevic que fue extraditado en contra de las leyes yugoslavas y falleció en La Haya mientras se estaba celebrando su juicio.

La visión de las modernas repúblicas muestra el contraste entre las germanizadas y magiarizadas Eslovenia y Croacia, integradas en la OTAN y en la Unión Europea, y las repúblicas del sur que no terminan de encontrar su lugar en la esfera internacional. La corrupción ha sido un mal generalizado en todas las repúblicas. La mayor parte tienen graves problemas económicos con altas tasas de paro, probablemente el diagnóstico de Serbia sea el más duro: “estado empequeñecido, empobrecido, estigmatizado, envejecido y pesimista”. En su afán de buscar la objetividad parece en ocasiones un defensor de los demonizados serbios. El papel de estos como aliados de Rusia en la región les ha hecho sin duda pagar un alto precio.

En conjunto, el libro es un alegato contra el nacionalismo como ideología basado en el rechazo a los otros estados donde el otro pasa a convertirse en el enemigo.

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El fin de la Turquía de Atatürk

 

Atatürk

 

Los turcos son un pueblo asentado en la Península de Anatolia hace aproximadamente mil años. El surgimiento del Imperio Otomano a principios del siglo XIV se puede considerar como el inicio del Estado Turco, lo cual sitúa a este entre las unidades políticas más antiguas del mundo. Del mismo modo se considera pertenecientes a la etnia turca a diversos grupos habitantes en países de Asia Central o a los de la parte norte de la isla de Chipre.

Los turcos se habían convertido al Islam algo antes de instalarse en Anatolia. Aunque estaban étnicamente diferenciados de los árabes, no lograron alcanzar una personalidad tan acusada como la de los iraníes, debido a su origen nómada y a su menor bagaje histórico. El Imperio Otomano continuó su expansión por los Balcanes y Oriente Medio, conquistó Constantinopla, la capital del imperio Bizantino al que destruyó, y a la que pasó a convertir en su capital con el nombre de Estambul. Alcanzó unas dimensiones considerables y se configuró como una de las entidades políticas más importantes del mundo durante los siglos XVI y XVII en los que conoció su mayor esplendor al dominar a la mayor parte de los países ribereños del Mediterráneo Oriental.

En el siglo XVIII el Imperio entró en una etapa de decadencia que se prolongó durante el siglo XIX hasta su desaparición como consecuencia de la Primera Guerra Mundial. En este largo período Turquía era conocida en las cancillerías como “el hombre enfermo de Europa”; mientras fue perdiendo progresivamente la mayor parte de sus posesiones europeas, en sus territorios balcánicos nacían los nuevos estados existentes en la actualidad.

En agosto de 1920 se firmó el Tratado de Sevres entre el derrotado Imperio Otomano, representado aún por un enviado del último sultán, y los Aliados vencedores de la Primera Guerra Mundial. Turquía sería un pequeño estado, mantenía Estambul aunque perdía el control de los estrechos, tenía que ceder territorios a Italia y a Francia en Anatolia y Esmirna a Grecia, además se reconocía la independencia de Armenia y la autonomía de Kurdistán.

Sin embargo desde mayo del año anterior Mustafá Kemal, conocido por el nombre de Atatürk, se había negado a aceptar este orden de cosas y empezó a hacerse fuerte y a reunir un ejercito en el centro del país en torno a la ciudad de Ankara. En alianza con los soviéticos que habían consolidado su Estado comunista estableció las fronteras orientales de Turquía tal y como las conocemos ahora, Armenia quedaba reducida a una república soviética y el autogobierno del Kurdistán se evaporaba. En septiembre de 1922 Atatürk entraba en Esmirna mientras que la presencia francesa e italiana parecían ahora insostenibles.

En julio de 1923 se firmó el Tratado de Lausana entre los Aliados y el estado Turco creado por Atatürk. No fue un tratado como los otros firmados por los perdedores de la Primera Guerra Mundial, ni se parecía al de Sevres. El Imperio Otomano era algo del pasado, eso era cierto, sin embargo nacía la moderna República de Turquía en la que el sultanato y el califato habían sido abolidos. Un estado soberano donde el grupo étnico turco era el mayoritario, a su formación habían contribuido el genocidio armenio, la expulsión de más de un millón de griegos y el reagrupamiento de los turcos habitantes aún de los Balcanes, las fronteras son las actuales.

El gran éxito de Atatürk fue la modernización del país en el que realizó un fuerte proceso de occidentalización en sus costumbres y legislación, se erradicaron las influencias religiosas y el laicismo se implantó en la administración; las mujeres gozaban de amplios derechos. Se suprimió el uso del árabe en la escritura siendo sustituido por el alfabeto latino. En estos casi cien años el país se ha caracterizado por su estabilidad, aunque se han producido recurrentes intervenciones del Ejercito para mantener el legado de Atatürk. Turquía no participó en la Segunda Guerra Mundial aunque la mayor parte de sus vecinos se vieron implicados en ella. Finalizado el conflicto se convirtió en un aliado clave para los Estados Unidos frente a la Unión Soviética. En estos últimos años ha tenido un crecimiento económico importante gracias la instalación de la industria deslocalizada de los países occidentales y a su gran potencial demográfico. Los turcos han intentado entrar en la Unión Europea pero de momento han recibido largas.

El actual presidente de la república Tayyip Erdogan ha tenido que desarrollar su mandato en un contexto cada vez más complicado. La Guerra Civil Siria en su frontera sur es una fuente de inestabilidad y ha provocado la llegada de millones de refugiados a su territorio, a esto se suman los terribles atentados del Estado Islámico en el último año. La consecuencia de esta presión ha sido un acercamiento cada vez mayor de su gobierno a los postulados del islamismo más radical con el consiguiente alejamiento del legado occidentalizador de Atatürk.

El 17 de Julio último se ha producido un intento de golpe de estado por parte de grupos militares supuestamente prooccidentales; Erdogan ha culpabilizado como instigador al clérigo Fetulá Gülen exiliado en Estados Unidos, mientras que otros hablan de un autogolpe para iniciar una represión. Las consecuencias de lo ocurrido están siendo dramáticas. Además de los 200 muertos de las primeras horas, por el momento en menos de una semana se han producido varios miles de detenciones incluyendo a una tercera parte de los generales y almirantes y hay cerca de 50000 purgados entre jueces, policías, decanos de universidad, profesores y maestros. Es evidente que tantas personas no pueden estar implicadas en una conspiración a la que se supone un cierto grado de secretismo, el comportamiento del gobierno turco recuerda al de los que formulan “leyes de sospechosos”. Lo que se está descabezando es la esencia del estado laico creado por Atatürk hace casi 100 años. No es aventurado pensar que Turquía iniciará una deriva hacia el islamismo radical. Más complicado es vislumbrar en estos momentos cual será su evolución ante vecinos como Rusia o Irán o su papel en el complejo conflicto interno Sirio.

 

 

 

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Irán en Oriente Medio

Persépolis

Irán es una de las entidades estales más antiguas del mundo. Su origen se remonta al Imperio Aqueménida destruido por Alejando Magno, reconstruido siglos después por los partos y los sasánidas que fueron durante siglos contemporáneos y grandes antagonistas del Imperio Romano. El mundo persa o la sociedad iránica como se prefiera denominar fue una autentica civilización. Aunque los guerreros árabes que traían la religión islámica destruyeron en el siglo VII el imperio sasánida, un siglo después el califato bajo la dinastía abásida se iranizaba desplazando su capital a Bagdad y utilizando a la élite irania, ahora de religión musulmana, para los principales puestos del gobierno.

En el primer tercio del siglo XVI se creó el más importante estado iraní posterior a la aparición del Islam, la unificación territorial se produjo por parte de la dinastía Safawi, que perduró más de dos siglos hasta el primer tercio siglo del XVIII. En esos momentos por todo Oriente Medio se ha extendido la Civilización Islámica. En Irán el chiismo se hizo mayoritario sirviendo como elemento aglutinador del nuevo estado y también como signo diferenciador de los persas frente a los árabes, mayoritariamente sunitas. De este modo, los iraníes mantuvieron una clara identidad dentro de la sociedad islámica. Este estado significó una etapa de fortalecimiento del poder político del shah. A esta dinastía la sucedieron consecutivamente los Afsáridas y posteriormente los Kayar que gobernaron durante el siglo XIX y parte del XX hasta 1925 que en que fueron reemplazados por los Pahlavi, últimos monarcas de Irán.

Aunque los Afsáridas lograron extender aún más las fronteras del estado persa, en el siglo XIX el Irán moderno empezó a conocer los problemas con sus poderosos vecinos. A principios del siglo XIX perdió sus territorios en el Cáucaso arrebatados por el Imperio Ruso. Pero lo que es más importante, hacia 1837 comenzó el llamado “Gran Juego”, el enfrentamiento entre los imperios ruso y británico por el establecimiento de áreas de dominio en Asia Central. Irán pudo mantener su independencia gracias a la rivalidad entre ambas potencias y no se libró de ver cómo su territorio era incluido dentro las zonas de influencia de los respectivos imperios. En realidad tenía una independencia formal.

Irán era un inmenso país despoblado, con apenas 10 millones de habitantes que realizaba tímidos intentos de modernización económica y política dentro del complejo panorama de las relaciones con sus poderosos vecinos, en este sentido por ejemplo en 1907 elaboró una constitución y el gobierno era una monarquía parlamentaria. El Gran Juego finalizó en 1907 con la entente entre rusos y británicos, lo cual deterioró más aún la ficticia independencia iraní, de hecho el país fue ocupado en las dos guerras mundiales por los británicos, sin llegar a ser beligerante, por meras razones estratégicas. A partir del fin del Gran Juego la historia de Irán estuvo determinada por el descubrimiento de petróleo en 1908 en el suroeste del país que fue explotado por los británicos a través de la legendaria Compañía Anglo-Persa fundada en 1909. Además, el petróleo se convirtió en un factor para la transformación de la milenaria nación.

En 1951 el primer ministro Mossadegh con el apoyo del parlamento nacionalizó el petróleo iraní denunciando los abusivos acuerdos que desde hacía más de cuarenta años estaban privando al país de su principal riqueza. Esta actuación provocó el golpe de estado de la CIA y los servicios secretos británicos que derribaron al primer ministro elegido democráticamente y convirtieron a Irán en una autentica dictadura encabezada por el shah Reza Pahlavi. Al eliminar los cauces de participación en el país, cuando la población comenzó las protestas contra el gobierno del shah el resultado fue una Revolución y el establecimiento de una República Islámica en 1979. Desde entonces Irán ha cambiado su papel en la geopolítica mundial y de ser un aliado incondicional de occidente pasó a ser uno de sus grandes antagonistas.

Poco después de la Revolución Iraq apoyado por occidente y otros países árabes inició una terrible guerra contra Irán, prolongada entre 1980 y 1988 y finalizada sin un vencedor claro. Aunque, no obstante, sirvió para que aflorara el milenario enfrentamiento entre los árabes y los persas y se consolidara la Revolución en Irán. Frente al acoso de sus vecinos y antiguos aliados, Irán a través del chiismo ha tratado de extender su influencia en Oriente Medio, principalmente en Líbano, Siria e Iraq donde los chiitas controlan el gobierno después del derrocamiento de Sadam Husein y la invasión americana. Estas buenas relaciones facilitaron recientemente el proyecto de un gasoducto de Irán a Siria a través de Iraq. Sin embargo la Guerra Civil Siria y la aparición del Estado Islámico han truncado esta iniciativa desestabilizando toda la región. La comprensión a los rebeldes sirios en occidente y la complacencia hacia el Estado Islámico del mundo árabe en los primeros momentos de su existencia lleva a pensar que occidente se equivoca al volcar su enemistad hacia Irán y sus aliados. Por el contrario es indudable que una política de acuerdos con Irán, que ha conocido una de las más cuestionadas intervenciones de la CIA en la Guerra Fría como fue el golpe de estado contra Mossadegh, puede contribuir más a la necesaria estabilidad en Oriente Medio que los acuerdos con las élites de países árabes ausentes durante siglos de los escenarios de la historia y protagonistas repentinos gracias al enriquecimiento rápido procedente del petróleo. Irán puede ser un país mas permeable a una evolución política en la cual se respeten los derechos de los ciudadanos que algunos estados árabes aliados de occidente.

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De los Papeles del Pentágono a los Papeles de Panamá

   El domingo 3 de Abril de este año de 2016 un amplio conjunto de medios de comunicación internacionales comenzó la divulgación de los llamados Papeles de Panamá. Una filtración de las operaciones realizadas por el bufete Panameño Mossack Fonseca para establecer compañías en su país que permitieran la ocultación de capitales procedentes de todo el mundo. Políticos, empresarios, deportistas … habían recurrido al bufete para ocultar capitales a través de sociedades pantalla utilizadas para establecer cuentas en paraísos fiscales o poner titularidades de propiedades.

   El impacto en la opinión pública ha sido muy grande y la indignación va en aumento al ver como en estos tiempos de crisis y de precariedad en el empleo las élites dominantes siguen disfrutando de rentas y eludiendo el pago de impuestos.

   Todo parece indicar que se ha tratado de una filtración interesada cuyas consecuencias se irán haciendo visibles más adelante. Es por ello que puede ser pertinente retrotraerse a otros episodios similares y valorar sus consecuencias. Probablemente uno de estos episodios destacados fue el de los Papeles del Pentágono, aunque el tipo de los hechos, su origen y la divulgación de los mismos tenía otro sentido y quedó delimitado a Estados Unidos, es un episodio conocido internacionalmente.

   En junio de 1971, hace 45 años, tuvo lugar esta gran filtración. Los papeles eran documentos que contenían la historia de la implicación de los Estados Unidos en Vietnam entre 1945 y 1967 a través de los que se descubría la premeditación de las numerosas actuaciones de las administraciones demócratas de los años sesenta del siglo XX en el país del sureste asiático, como los bombardeos de Vietnam del Norte. La filtración se produjo por parte del funcionario del Pentágono y doctorado por Harvard Daniel Ellsberg.

   La aparición del los Papeles del Pentágono tuvo el efecto de contribuir al mayor descrédito de la Guerra del Vietnam entre la ciudadanía estadounidense. Hubo un intento por parte del Gobierno de los Estados Unidos de aquellos días de paralizar la publicación que estaban realizando The New York Times, The Washington Post y otros pero un juez la desestimó .

   De la comparación entre ambos episodios podemos sacar varias conclusiones:

  1. La filtración, en el caso de los Papeles del Pentágono, parece un intento de divulgar la verdad por parte de una personalidad independiente. Aún no está claro si esto es así en el caso de los Papeles de Panamá o es una filtración interesada.
  2. Los Papeles del Pentágono afectaban a la administración, en este caso al Gobierno estadounidense, en el caso de los Papeles de Panamá parecen afectar tanto a élites políticas como empresariales y al mundo de la cultura o el deporte; en definitiva es toda la sociedad la que está en cuestión, son las personas con dinero las que están puestas en entredicho.
  3. En definitiva, los Papeles del Pentágono afectaban a un hecho concreto, la Guerra de Vietnam y fueron un aldabonazo más de las críticas a la misma que terminaron provocando la retirada estadounidense. Los Papeles de Panamá ponen en cuestión una vez más las finanzas internacionales, el papel de los bancos en la ocultación de dinero a las haciendas públicas y en la desviación de dinero a los distintos paraísos fiscales y de los paraísos fiscales para instrumentalizar esta ocultación, sembrando una desconfianza en la sociedad que es germen de futuros conflictos. Como lo fueron los Papeles del Pentágono en los años setenta del siglo XX, estos modernos Papeles de Panamá significan un punto de inflexión en la crítica de las desigualdades de nuestras sociedades atormentadas por cargas como las gigantescas deudas públicas y privadas o por incertidumbres como el futuro de las pensiones.
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La crisis del sistema de partidos en España

   Las elecciones generales celebradas en España el 20 de Diciembre de 2015 han significado una autentica implosión para el sistema de partidos políticos existente que amenaza con arrastrar al país a una etapa de ingobernabilidad; una situación que nos remitiría a períodos anteriores de la historia considerados ya parte de un pasado lejano.

   Desde las elecciones de 1977 se han alternado en el poder dos grandes partidos, la Unión de Centro Democrático, Alianza Popular y el Partido Popular (PP) por un lado y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) por otro, que han conseguido aglutinar el voto de derecha e izquierda respectivamente. De la misma manera que en tiempos de la Restauración de la monarquía Borbónica en el siglo XIX se consiguiera estabilidad con el turnismo, en esta moderna Restauración juancarlista se ha logrado mantener el sistema por medio de los mecanismos como las listas cerradas, la politización de la judicatura o la influencia en los medios de comunicación, mecanismos que han llevado a denominar el sistema como partitocrático. Beneficiados de un consenso general sobre la bondad del sistema, siempre dos partidos han podido alternarse sin problemas durante los últimos 38 años.

   Sin embargo el panorama nacido de las elecciones del 20 de Diciembre lo ha trastocado todo. A estas dos fuerzas se han sumado Ciudadanos que ocuparía el espacio político de centro y Podemos que se sitúa a la izquierda del PSOE, todo ello complicado por el desafío secesionista en Cataluña. El fraccionamiento político actual, con su consiguiente secuela de inestabilidad, nos remite claramente a los tiempos de la Segunda República española, algo que trató de evitar precisamente el consenso de los partidos desde el inicio de la Transición política en la década de los setenta del siglo pasado y que hasta ahora había logrado.

   Dentro de la más pura aritmética el PP, como partido más votado, lo tiene más fácil al no necesitar apoyos explícitos y poder jugar con las abstenciones, sin embargo está condicionado por el rechazo que generan los recortes de los primeros años de la legislatura anterior y sobre todo los casos de corrupción aparecidos en el partido. Otro de los problemas que condiciona los posibles pactos es que los tradicionales acuerdos puntuales con los partidos nacionalistas vascos o catalanes, que tanto han contribuido a la estabilidad en los últimos años, se muestran como algo complicado en el momento actual, tanto por la deriva independentista de los catalanes, como por el rechazo de Ciudadanos a acuerdos como el existente en materia fiscal con País Vasco y Navarra.

   El PSOE se enfrenta a un escenario aún más complicado. Estaría abocado a facilitar el acceso al gobierno a su tradicional adversario político, el PP o a tratar de formar un gobierno con Podemos en el precisarían en apoyo, al menos mediante la abstención, de los grupos políticos favorables a la independencia de Cataluña. Son numerosos los dirigentes socialistas que apuntan a unas nuevas elecciones como única solución al sudoku electoral, parecen más bien unos niños enfurruñados que no están dispuestos a participar hasta que no reciban suficientes votos. Es posible que no sean conscientes de que tras una repetición de las elecciones el parlamento puede estar igual de fraccionado o que su partido baje aún más en número de votos y escaños.

   En estos momentos, como apuntan numerosas voces, parece que se hace preciso un gran acuerdo de alcance nacional con el cual repetir algunos de los éxitos de la Transición política. La brecha social abierta en los últimos años y el problema catalán son algunos de los mayores condicionantes para que un nuevo pacto llegue a buen puerto. Resulta difícil prever cómo evolucionará el sistema de partidos a partir de ahora, pero lo cierto es que existe una responsabilidad acorde con la representación parlamentaria que han alcanzado y para la que se han presentado a las elecciones.

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